El pasado 3 de julio, Made in Basque Country (Radio Euskadi) recibió a Mikel Gómez, Director Comercial de DINOF, para conversar con Xabier García Ramsden y Andrés Goñi sobre un tema que va mucho más allá del mobiliario: cómo los espacios de trabajo se han convertido en una palanca estratégica para la cultura, la productividad y la atracción de talento.
Durante la entrevista, Mikel compartió una visión clara y reveladora sobre la transformación de las oficinas en ecosistemas inteligentes, flexibles y profundamente humanos. Habló de diseño, ergonomía, liderazgo cercano y tecnología, pero sobre todo, del espacio como narrador silencioso de lo que una empresa es y aspira a ser.
“El espacio es el tercer interlocutor de una organización”, afirma. ¿Lo escuchaste?
Lee y descubre por qué hoy, más que nunca, diseñar bien es competir mejor. (Transcripción de la entrevista)
Entrevistador: ¿Qué significa que los espacios hablan?
Mikel Gomez: Es una frase que usamos mucho en el diseño estratégico: los espacios hablan, porque comunican incluso cuando nadie dice nada.
Un espacio de trabajo no es neutro. Transmite valores, cultura, formas de trabajar y hasta relaciones de poder. Desde cómo están distribuidas las mesas hasta si un líder está accesible o encerrado en un despacho, todo eso manda un mensaje.
Un entorno ordenado, flexible y bien pensado puede invitar a colaborar, a concentrarse, a innovar… o todo lo contrario. Por eso decimos que el espacio es el tercer interlocutor en la cultura de una organización, junto a las personas y los procesos.
Por ponerte ejemplos, los líderes que trabajan en espacios abiertos, transmiten cercanía. Una zona de colaboración bien equipada es sinónimo de la confianza y el valor que se le confiere al trabajo en equipo. Por el contrario, las zonas o puestos de trabajo que permiten tener mayor privacidad vienen a decir que el trabajo que requiere concentración y el respeto al tiempo individual también importan.
Las empresas más innovadoras diseñan sus espacios como si fueran una extensión física de su cultura. Si eres ágil, flexible y horizontal, tu espacio debe respirar eso. No sirve tener una filosofía moderna con una oficina que parece de los años 90.
En definitiva, los espacios hablan… la pregunta es: ¿están diciendo lo que tú quieres que digan?
Entrevistador: ¿Qué dice el espacio de trabajo de una empresa o una marca?
Mikel Gomez: Muchísimo. El espacio de trabajo es una especie de “escaparate interno” de la marca. Habla de cómo una empresa piensa, qué prioriza y cómo trata a su gente.
Si entras en una oficina y ves rigidez, falta de luz, zonas cerradas o mobiliario anticuado… probablemente estás ante una organización que no ha evolucionado con su gente. En cambio, si encuentras flexibilidad, zonas vivas, equilibrio entre colaboración y zonas de concentración… estás ante una marca que entiende que su mayor activo es el talento, es decir: las personas.
En ese sentido, el espacio dice más de la cultura empresarial que cualquier eslogan.
Las marcas que cuidan su entorno de trabajo están diciendo: “te escuchamos, te valoramos, queremos que estés bien para que puedas dar lo mejor de ti”.
Al final, una marca no se define solo por lo que vende, sino por lo que construye puertas adentro. Y el espacio es una pieza clave en esa narrativa.
Entrevistador: ¿Cómo influye el diseño de una oficina o espacio de trabajo en el rendimiento e incluso en la competitividad de una empresa?
Mikel Gomez: Muchísimo. El diseño del espacio de trabajo no es un elemento decorativo: es una herramienta estratégica que impacta directamente en cómo las personas rinden, se relacionan y toman decisiones.
Cuando un entorno está mal pensado —con ruido, rigidez o falta de privacidad— no solo se pierde concentración, se pierde energía, agilidad y tiempo. En cambio, cuando el espacio acompaña el tipo de tareas, la cultura y los flujos reales de trabajo, el equipo se vuelve más eficiente, más conectado y, sobre todo, más resolutivo.
Estudios de Deloitte y Harvard Business Review ya lo confirman: las empresas que invierten en espacios alineados con las personas ven mejoras en productividad, innovación y compromiso. Eso nos lleva a la competitividad. Porque en un entorno de negocio donde la velocidad de respuesta y la creatividad son diferenciales clave, el espacio puede ser el motor silencioso que lo hace posible.
Lo cierto que es que hoy en día, lo único constante es el cambio, esa capacidad de adaptación —esa inteligencia espacial— es una ventaja competitiva real. Si el espacio acompaña… las ideas llegan antes, las decisiones se toman mejor y el trabajo fluye con mayor y mejor sentido.
Entrevistador: ¿En qué sentido el espacio de trabajo es una herramienta para atraer, retener y motivar el talento?
Mikel Gomez: En todos los sentidos. El espacio de trabajo es una de las primeras cosas que vive un profesional cuando entra en una empresa. Y muchas veces, habla más claro que el onboarding o el manual de bienvenida.
Un entorno cuidado, flexible, que respeta las distintas formas de trabajar —colaborar, concentrarse, desconectar— transmite un mensaje muy poderoso: “aquí nos importa cómo te sientes trabajando”.
Hoy el talento no solo busca un salario competitivo. Busca un lugar donde pueda rendir bien sin agotarse, donde se sienta valorado y donde el entorno esté alineado con sus valores.
Y eso se traduce en cosas muy concretas: ¿puedo moverme libremente?, ¿tengo espacios donde concentrarme?, ¿hay zonas que me ayuden a colaborar mejor?, ¿el diseño me inspira o me drena?
Las empresas que entienden esto convierten el espacio en una herramienta silenciosa pero efectiva para fidelizar talento. No solo atraen a perfiles valiosos, sino que los motivan día a día y los invitan a quedarse.
Porque al final, cuando las personas sienten que el lugar en el que trabajan ha sido pensado para ellas, el compromiso no se impone… se despierta.
Entrevistador: ¿Es cierto que el mobiliario ergonómico puede mejorar la productividad en un 17,5%?
Mikel Gomez: Sí, es cierto, lo dicen los datos.
Estudios como los del Instituto de Biomecánica de Valencia y la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo han demostrado que contar con mobiliario ergonómico —sillas ajustables, mesas regulables, pantallas bien colocadas, entre otros elementos— puede generar incrementos de productividad de hasta un 17,5%, además de reducir significativamente el absentismo.
Pero más allá del número, lo importante es entender el por qué: cuando las personas trabajan en un entorno que se adapta a ellas —y no al revés—, se sienten más cómodas, se fatigan menos, piensan mejor y rinden más.
La ergonomía no es un “extra”, es una inversión estratégica. Porque no se trata solo de evitar lesiones o dolores… se trata de cuidar la energía mental y física del talento que sostiene el día a día de la empresa.
Al final, un buen diseño ergonómico no solo mejora el bienestar individual. Mejora el rendimiento colectivo y envía un mensaje claro: “te valoramos, queremos que trabajes bien… y que estés bien”.
Entrevistador: ¿Cómo ha evolucionado el diseño en los entornos laborales?
Mikel Gomez: Ha evolucionado de forma profunda, porque el trabajo ha cambiado de raíz.
En otra era, las oficinas respondían a modelos rígidos y jerárquicos: cubículos, despachos cerrados, zona de oficinas y zona para la dirección y los jefes. Hoy trabajamos de forma híbrida, colaborativa e incluso remota. Y eso exige que el espacio también lo sea: configurable, conectado y con propósito.
Aquí entra el concepto de activity‑based working (ABW): distribuir la oficina en zonas según la actividad. Tenemos zonas para el trabajo individual profundo, hubs creativos, áreas de llamada, espacios sociales… Todo pensado para que puedas elegir dónde trabajar en función de lo que necesites hacer.
Este modelo construye una arquitectura emocional del trabajo, donde la oficina deja de ser un lugar monótono para convertirse en un ecosistema experiencial que conecta con el talento de la persona y su equipo.
El trabajo remoto intensifica esta evolución: la oficina deja de ser solo el sitio al que vamos, y se convierte en el lugar al que queremos ir. Donde se encuentra el equipo, la cultura, la creatividad.
Hablamos de espacios que estimulan la innovación y la resolución de problemas: hubs creativos para brainstormings, salas silenciosas para imaginar soluciones, y tecnología e IA integradas, que ajustan iluminación, acústica o clima según uso y preferencia.
Además, el liderazgo vive en el corazón de esos espacios. Los directivos ya no se aíslan: se sientan junto al equipo, circulan, escuchan, co-crean. El espacio refleja una dirección cercana, transparente y práctica.
Y no es solo diseño. La IA y el Internet de las Cosas permiten analizar cómo se usan los espacios, optimizar recursos, identificar zonas infrautilizadas o sobrecargadas… Y todo en tiempo real. Eso da eficiencia, inteligencia y agilidad.
En definitiva, el diseño ha pasado de ser un escenario inerte a convertirse en un actor estratégico: un espacio distribuido por zonas de actividad, vinculado al talento remoto y presencial, potenciado por tecnología e IA, con liderazgo que fluye entre personas, no paredes.
El resultado: oficinas más conectadas, eficientes, atractivas y, sobre todo, realmente alineadas con la forma en que trabajamos hoy. Donde la oficina deja de ser un lugar donde trabajar, para ser un lugar desde donde crear y evolucionar.
Entrevistador: ¿Cómo serán las oficinas del futuro?
Mikel Gomez: Las oficinas del futuro no serán un lugar al que ir, sino un ecosistema al que querrás pertenecer.
Serán espacios más humanos, más tecnológicos y profundamente adaptables. Dejarán de ser estructuras fijas para convertirse en entornos vivos, diseñados en torno a las personas y sus actividades.
El modelo será híbrido por defecto, y el concepto activity-based working será la norma: oficinas distribuidas por zonas de uso, donde cada actividad —pensar, compartir, crear, desconectar— tenga su lugar óptimo.
La tecnología no estará solo presente… estará integrada. Con inteligencia artificial, sensores, analítica en tiempo real y automatización, el espacio será inteligente, predictivo y eficiente: ajustará iluminación, temperatura, acústica, ocupación. Un entorno que aprende y se adapta.
El bienestar será central: luz natural, materiales biofílicos, zonas de calma, equilibrio entre movimiento y concentración. Las oficinas del futuro serán espacios que cuidan, no solo que rinden.
Y, sobre todo, serán oficinas que comunican propósito y cultura. Porque cuando el talento puede elegir dónde y cómo trabajar, el diseño del espacio se convierte en una declaración de identidad.
En resumen: las oficinas del futuro no competirán por metros cuadrados, sino por experiencias, flexibilidad, tecnología y significado. Serán el corazón cultural de las organizaciones, no su centro operativo.