Acústica y sonido, un problema más allá del ruido

¿Qué tienen en común la hipertensión, los desórdenes del sueño, las enfermedades cardiovasculares, la reducción de la cognición y el estar molesto? Todos son posibles resultados de la exposición al ruido excesivo. Muchas personas se quejan sobre el ruido, pero pocas se dan cuenta de lo dañino que puede ser. Al parecer, la pérdida auditiva y dolencias como el zumbido continuo de los oídos (conocido como tinitus) no es lo único que debería preocuparnos. Cada vez hay más pruebas de los efectos que tiene el ruido en la salud y que no están relacionados con la audición.

El ruido nos desconcentra fácilmente, porque como humanos hemos sido programados para estar atentos a los sonidos como posibles peligros, desde la época en la que nuestros predecesores evolutivos tenían muchos enemigos en su hábitat natural. Esta sensibilidad hacia los sonidos se ha quedado grabada en nuestra neurobiología: estamos constantemente alertas a lo que sucede en nuestro entorno y el ruido nos incomoda fácilmente. Los estudios de laboratorio realizados tanto en personas como en animales han demostrado que la exposición al ruido excita el sistema nervioso, produciendo el aumento de la presión sanguínea y la liberación de las hormonas del estrés. Con el tiempo, estas respuestas instintivas pueden estresar al sistema cardiovascular y producir resultados negativos, como ira o agotamiento.

Y si por si eso no fuera poco, la reducción de la cognición es otro resultado no auditivo de la exposición al ruido que han estado estudiando los investigadores. Más de 20 estudios llevados a cabo en múltiples países han indicado que el ruido medioambiental afecta de forma negativa al aprendizaje de los niños en la escuela.

En los entornos con un nivel de ruido elevado y una acústica insuficiente, los trabajadores se pueden estresar tanto intentando escuchar a sus compañeros como intentando no oírlos. Un fracaso se mire por donde se mire.

La solución, consiste en ofrecer una variedad de entornos de espacios de trabajo, donde todos estén diseñados teniendo en cuenta el factor del sonido, la tarea que se va a llevar a cabo en ellos y las personas que van a utilizar dichos espacios. Los entornos de trabajo deben diseñarse teniendo en cuenta no solo el aspecto, sino también la experiencia en todos los sentidos, especialmente en el auditivo. «La conciencia del sonido es una nueva herramienta con la que diseñar», dice Treasure. «Una buena acústica puede aumentar la productividad de los espacios de trabajo».

Dentro de cualquier entorno el sonido puede sellarse, absorberse o camuflarse. Cada método tiene sus ventajas y desventajas, las cuales deberían sopesarse detenidamente, ya que mantener el sonido dentro de niveles de tolerancia aceptables se ha convertido en un requisito obligatorio a la hora de diseñar y una métrica importante a la hora de valorar la eficacia global de un espacio.

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